sábado, 14 de mayo de 2011

Mercado de derechos de emisión de CO2

Ahora, desde hace un tiempo ya es posible especular en el mercado con aire limpio. Las toneladas de dióxido de carbono no arrojadas al aire forman parte de los nuevos valores económicos y culturales. La necesidad de luchar contra los gases invernadero ha puesto precio al aire sano para el clima. Y así los derechos de emisión de CO2 de las empresas, concedidos por el Gobierno y autorizados por la UE, son tan preciados como el oro, la plata, el precio del barril de petróleo o el Ibex 35.



El sistema fue diseñado para que las empresas cumplan con el protocolo contra el cambio climático, pero los intermediarios en la compraventa -brókers del aire limpio- afirman que los derechos pueden ser un refugio de capitales y una opción de inversión posible no sólo para las empresas, sino para los fondos de inversión y los particulares. Su valor constante y sonante se deriva de los planes nacionales de asignación, a través de los cuales 1.091 factorías en España y 12.000 en la UE reciben cupos comercializables para arrojar CO2 al aire.

Así lo fija la directiva que regula estos permisos (que afecta a plantas térmicas, cementeras, refinerías, vidrieras, papeleras y demás). Si al acabar el año estas industrias superan los derechos asignados, pueden acudir al mercado a comprar los que les falten; y si les sobran cupos, tienen la opción de venderlos a las que los demanden.

¿Y es buena esta fórmula? La opinión más general es que este mercado ayuda a reducir las emisiones de gases, pues los gobiernos han reducido el volumen de los derechos asignados para el periodo 2008-2012, con lo cual la compraventa se negocia en condiciones de escasez. El protocolo de Kioto proporciona así una muleta a las industrias para recortar gases, pues primero tienen la opción de atajarlos in situ (con mejoras tecnológicas, eficiencia energética, energías renovables); y si no lo consiguen, pueden acudir al mercado. "La compraventa de derechos se puede hacer de forma bilateral: dos empresas se ponen en contacto y pactan un precio. Otra opción es buscar un intermediario. Y la tercera es acudir a la bolsa de CO2, que es el lugar que ofrece más opciones, más seguridad y menos riesgos. "Aquí está garantizada la posibilidad de realizar el 100% de las operaciones", explica Ismael Romeo, director de la bolsa Sendeco2 de Barcelona.



"Es cierto que el sector eléctrico rebasa los derechos asignados, pero es porque tiene cupos muy estrictos; y está haciendo un gran esfuerzo de reducción", dice Josep Garriga, director de la Oficina de Canvi Climàtic de la Generalitat.

¿Y cómo equilibran las empresas su balance si al acabar el año emiten más CO2 de la cuenta?

"Las empresas tienen tres opciones. La primera es usar derechos disponibles para el año siguiente, pues el plan de asignación les concede cupos anuales hasta el 2012 que pueden arrastrar de un año para otro. También adquirirlos a empresas que los tengan en exceso; y, en tercer lugar, está la opción de adquirir certificados o créditos de reducción de gases", explica Romeo. Estos certificados los pueden obtener si participan en planes de desarrollo limpio (inversiones en el tercer mundo en proyectos que demuestren que se da un ahorro de gases) o compran estos créditos, también comercializables. Sin embargo, estos certificados o créditos de reducción de gases, en el caso de las eléctricas, sólo pueden ser utilizados de manera limitada (hasta un tope del 42% de los derechos de emisión que tengan asignados).

A la bolsa de CO2 no sólo acuden las empresas afectadas por el plan nacional de asignación, sino también los sectores financieros, inversionistas o entidades bancarias pueden comprar y vender estos derechos, convertidos en una materia básica más transaccionable. "Hay personas e instituciones que compran derechos de emisión: bancos, brókers, inversionistas o cajas de ahorro. Todo el mundo los puede comprar", dice Romeo.

Barclays Bank o Banco de Santander son algunas de las entidades bancarias que han apostado por el valor del aire limpio, que se puede comercializar también en las bolsas de París o Londres. La primera de estas bolsas opera al contado, mientras que la segunda es una bolsa de futuros, de manera que se pactan contratos y condiciones que entrarán en vigor al cabo de unos años.

Muchos sectores industriales, que antes era reacios al protocolo de Kioto, han aprovechado ahora las ventajas que les ofrece el mercado. Industrias que han bajado su producción debido a la crisis han tenido la posibilidad de vender sus derechos de emisión para obtener una fuente de ingresos más. Así, han obtenido unos recursos extras que, de otra manera, no habrían logrado. Sin embargo, Teresa Ribera, secretaria de Estado de Cambio Climático, alerta de estas prácticas y advierte que tal vez los puedan necesitar más adelante.

Mientras tanto, la gratuidad de los derechos de asignación ha sido polémica, pues las empresas obtienen los cupos que transforman en ganancias sin que les haya costado nada. Por eso, la UE empezará a asignarlos mediante subasta a partir del 2012.

La compraventa de derechos de emisión -que tienen el mismo valor en toda la UE- tiene algo de mágico y virtual al tratarse de operaciones informáticas. La bolsa de CO2 cierra la operación una vez que tiene los derechos del vendedor y el dinero del comprador. Cobra una pequeña comisión, pero el precio lo conforman la oferta y la demanda.

Además del recorte que hace la industria, nuestro país deberá reducir las emisiones generadas en esos otros los sectores (transporte, edificación...). Pero todo eso no será suficiente con medidas internas, y el Gobierno deberá adquirir millones de toneladas de CO acudiendo a los distintos 2 mercados o comprando derechos sobrantes a los países del Este de Europa, recuerda Jordi Ortega, investigador de la Universidad Carlos III de Madrid.

Texto recogido de:
http://blog.pucp.edu.pe/item/55267/los-derechos-de-emision-de-co2-crean-un-mercado-abierto-a-inversionistas

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